Las primeras horas
Valeria no tardó en abandonar su mesa.
Recorrió la sala. Habló con pasajeros. Preguntó. Escuchó. Sonrió.
Y observó.
En uno de sus recorridos captó un fragmento de conversación entre dos de los guardias.
No llegó a escuchar demasiado.
Pero fue suficiente para llamar su atención.
Cuando los hombres se dieron cuenta de que Valeria los había escuchado, cambiaron inmediatamente de conversación.
Ella también decidió cambiar de estrategia.
—Disculpen.
Los guardias la miraron.
—¿Podrían indicarme dónde está el baño?
El momento de tensión desapareció.
Valeria se marchó.
Los guardias respiraron tranquilos.
O eso creyeron.
El baño estaba impecablemente limpio.
Demasiado limpio.
Olor a desinfectante. El suelo reluciente. Todo perfectamente ordenado.
Pero detrás del lavabo…
Valeria encontró algo.
Una pequeña salpicadura.
Sangre.
Se agachó.
La observó.
No parecía antigua.
Aquello no era una mancha que llevara días allí.
Alguien había sangrado en aquel lugar.
Y no hacía demasiado tiempo.
Valeria no dijo nada.
Se limitó a regresar al salón.
Pero desde ese momento observó a los guardias con mucha más atención.
Y entonces reparó en algo más.
Aquellos hombres apenas eran mayores que un adolescente. O al menos eso aparentaban sus rostros.
Los uniformes, sin embargo, estaban impecablemente confeccionados. Bien planchados. De buena calidad.
No parecían soldados profesionales.
Parecían hombres humildes que habían conseguido un puesto y estaban intentando aprovechar la oportunidad para hacer contactos.
Aquello no tranquilizó a Valeria.
La inquietó todavía más.
✦
Ronan, por su parte, había encontrado otra forma de escapar de la atención.
Beber.
O fingir que bebía.
Poco a poco comenzó a interpretar el papel de un hombre que había tomado demasiado.
Cuando alguien le preguntaba, siempre tenía la misma respuesta.
—No estoy acostumbrado a volar.
Al final, algunos pasajeros consideraron que lo mejor sería llevarlo a descansar.
Dos guardias se ofrecieron a acompañarlo.
Y Lisandro aprovechó la oportunidad.
Miró a Valeria.
Ella entendió inmediatamente.
—Disculpen.
Se acercó al guardia.
—¿Podría acompañarlo? Creo que sería mejor que alguien conocido se asegurase de que llega bien.
El guardia dudó.
Valeria sonrió.
No tuvo que insistir demasiado.
Finalmente aceptó.
Lisandro acompañó a Ronan.
Y así consiguió echar un vistazo a la zona de los camarotes.
No estuvo mucho tiempo allí. Regresó al salón poco después.
Ronan, mientras tanto, permaneció en su habitación.
Aunque no estaba precisamente dormido.
✦
Eugene resultó ser una sorpresa.
Cuando comenzó a hablar sobre las máquinas del zepelín, parecía transformarse en otra persona.
La timidez desaparecía.
Los datos comenzaban a salir de su boca.
Motores. Presión. Sistemas de flotación. Engranajes. Válvulas. Mecanismos.
Valeria y Lisandro apenas podían seguir el ritmo.
—Y si utilizan ese sistema para regular la presión, entonces…
Eugene continuó explicando.
Valeria intercambió una mirada con Lisandro.
No era solo un muchacho tímido.
Sabía muchísimo de máquinas.
Y Valeria decidió permanecer cerca de él.
Aunque por motivos diferentes.
Si las cosas se complicaban…
Lisandro parecía ser el único hombre realmente competente de todo aquel lugar.
O eso pensaba.
Hasta que Eugene hizo algo que no debería haber hecho.
✦
En un momento en que nadie parecía mirar, Eugene introdujo la mano en uno de sus bolsillos.
Sacó un pequeño objeto.
Lo sostuvo bajo la mesa.
Un gesto.
Un susurro.
Y aquello que tenía en la mano cambió.
Valeria lo vio.
Lisandro también.
Ambos decidieron fingir que no habían visto nada.
Eugene respiró tranquilo.
O eso creyó.
Porque los dos habían entendido perfectamente que aquel tímido muchacho escondía algo.
Y ninguno de ellos sabía todavía qué.